«El Maestro del Lente: Una mirada para cada momento»
«Mi padre fue un fotógrafo emprendedor al 100%, un trabajador incansable que comprendía que cada instante merece ser preservado. Su cámara no era solo un instrumento de trabajo; era su compañera inseparable, ya fuera en la alegría de un matrimonio o una fiesta de cumpleaños, o en los momentos más solemnes y difíciles, como en los sepelios o tras los accidentes en las profundidades de la mina.
Él nunca decía que no. Con una ética de trabajo que nos dejó a todos una lección imborrable, Leopoldo estaba donde se le necesitara. No importaba el lugar ni la circunstancia; él estaba atento, siempre listo para capturar la realidad. Para mi padre, su trabajo era su pasaporte para ir a donde fuera necesario, y su compromiso con cada cliente —y con su propia familia, a quien también retrataba con el mismo esmero— demostraba que su emprendimiento no conocía límites. Él no solo tomaba fotografías, él documentaba la vida entera.»
